Intentando contenerme, sofocarme, calmarme,
mientras observo la silueta semi desnuda únicamente cubierta por breves trozos de tela
escuchar la voz, percibir el aroma, saberla cerca, desnuda, cautiva,
saberla tan cerca y sin poder tocarla.
De reojo veo su piel intacta,
la meta que indican sus muslo oculta bajo púdica prenda,
así, silente, quieta, despreocupada, miro de reojo, como queriendo no ver.
Sus pechos desbordantes de blanco marfil,
sosiego mis ansias de acercarme y hacerlos míos
retirar lo que interfiere entre esa piel y la mía,
quitar lo mínimo que aun a quedado sin quitar,
poseer ese cuerpo, saciar esa sed de días,
y terminar empapado en ella.
Tan solo someterme queda, sin pronunciar palabra,
sin poder tocarla, tan solo ver y aguantar la sed de vida.
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